Asco… Una experta en protocolo aclara lo que pasó realmente en el apretón de manos de Sánchez y Trump

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El saludo entre Trump y Sánchez: diez segundos de diplomacia forzada bajo el microscopio

Pareció un simple apretón de manos, pero en política nada es tan sencillo. El saludo entre el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la firma del plan de paz para Gaza en Sharm El-Sheikh (Egipto), ha generado ríos de tinta —o, mejor dicho, de tuits— por los mensajes ocultos que dejó entrever su lenguaje corporal.

Fue la primera vez que ambos líderes se encontraban cara a cara tras las tensiones recientes por el gasto español en Defensa y las declaraciones de Trump sugiriendo que España podría ser expulsada de la OTAN. En este contexto, los escasos diez segundos que duró su saludo cobraron un simbolismo mayúsculo.

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Cuando las sonrisas no son lo que parecen

Para entender lo que realmente ocurrió en ese breve intercambio, nada mejor que acudir a los expertos. Patrycia Centeno, analista de comunicación no verbal y protocolo, ofreció a través de su cuenta de X (@PoliticayModa) un minucioso desglose del saludo entre los dos mandatarios, sacando a la luz lo que las cámaras captaron… pero pocos supieron leer.

«De las apariencias ‘amables’ a lo que en verdad ha sido (microgestos) el saludo entre Trump y Sánchez #bodylanguage», escribió la experta, antes de compartir un detallado hilo donde analizó cada movimiento facial, cada gesto de la mano y cada mirada.

Trump sonríe… pero con asco

Aunque pueda parecer que Trump mostró una sonrisa diplomática, Centeno detectó señales claras de incomodidad y desprecio. «Fijémonos en cómo levanta arruga la nariz y sube la comisura del labio (=asco) en la sonrisa forzada (aprieta labios=reprimir)», detalló.

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Además, destacó la forma en que el líder estadounidense ofreció su mano: con el brazo medio extendido y la palma en lateral, algo que, según Centeno, refleja una actitud menos dominante que la que suele emplear. «Pese a lo que pueda parecer, lo trata como un igual», añadió, aunque matizó: «A Trump le agrada que lo desafíen».

Choque de gestos: dominio vs resistencia

Uno de los momentos más comentados fue el famoso tirón del brazo por parte de Trump, un gesto habitual en él, destinado a marcar territorio. «Es llevar al adversario o interlocutor a su terreno. Aquí, en comparación, ha sido media-alta», explicó Centeno. A este movimiento, Sánchez respondió con una reacción propia: «un golpe en el brazo», interpretado como una manera de equilibrar el gesto de poder. «Yo también mando», resumió la experta.

Ambos mostraron sonrisas aparentemente cordiales, pero bajo ellas se escondían señales reveladoras. «Enseguida aparecen los dientes en su sonrisa diplomática (desafío). Sánchez también sonríe, pero aparece la mueca de disgusto (arruga nariz) en el lado izquierdo», añadió Centeno, dejando claro que el encuentro fue cualquier cosa menos relajado.

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Comparaciones incómodas

La analista no dudó en contrastar este encuentro con el que mantuvo Trump con el presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi. En ese caso, el saludo fue mucho más afectuoso y simbólico. «Le da un apretón de mano de guante (con las dos manos), que equivale a un abrazo», apuntó, evidenciando el contraste en la relación personal y diplomática.

El detalle brillante que delató a Sánchez

Otro elemento que no pasó desapercibido para Centeno fue el rostro del presidente español. Concretamente, los brillos en su frente, un indicio, según la experta, de nerviosismo o incomodidad. «Es el único líder que brillaba, así que no era un tema de luces. Tal vez, hoy sí faltó maquillaje (polvos mate)», ironizó.

Aunque el comentario puede parecer anecdótico, en el lenguaje de la comunicación no verbal, estos pequeños detalles suman y refuerzan el análisis global de un momento de alta tensión geopolítica.

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Diez segundos que dicen mucho más que mil palabras

El saludo entre Trump y Sánchez no fue un simple gesto protocolario. En apenas unos segundos, ambos líderes protagonizaron una batalla simbólica por la posición, el respeto y la autoridad. Las sonrisas estaban ahí, sí, pero también los gestos de desconfianza, la tensión contenida y un juego de poder que solo los ojos más entrenados pudieron captar.

A veces, en la política internacional, no hace falta que se pronuncien palabras para que todo quede dicho. Basta con mirar —bien— un apretón de manos.

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