Así han logrado parar el desahucio de Maricarmen: la anciana de 87 años madrileña

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Maricarmen frena su desahucio a los 87 años gracias al apoyo vecinal: «Esto no acaba aquí, la lucha sigue»

La historia de Maricarmen podría ser la de muchas personas mayores en Madrid. A sus 87 años, esta vecina del barrio de Ibiza ha logrado aplazar su desahucio tras una intensa campaña de presión social. El desalojo estaba previsto para este miércoles, pero el juzgado ha decidido suspenderlo temporalmente para que la afectada pueda presentar nueva documentación que demuestre su situación de vulnerabilidad.

La noticia ha sido celebrada como una victoria por el Sindicato de Inquilinas de Madrid, que ha liderado la movilización ciudadana en defensa de Maricarmen. “La única manera de hacer que Maricarmen se quede en casa es instaurando contratos indefinidos y expropiando la vivienda de los fondos que especulan con ella”, aseguran desde la organización.

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Una vida entera en la misma casa: del contrato de renta antigua al desahucio

La historia de Maricarmen comienza en 1956, cuando su padre firmó un contrato de renta antigua para la vivienda. En 1960, pasó a su madre y, tras su fallecimiento, ella asumió el alquiler en 2005. Hasta entonces, las condiciones se habían mantenido estables: renta ajustada al IPC y el pago del IBI.

Todo cambió en 2018, cuando la propiedad del inmueble cambió de manos. Los nuevos propietarios comenzaron a presionar para modificar las condiciones del contrato: ofrecieron venderle el piso por 250.000 euros o imponerle una subida del alquiler de hasta un 300%, una cifra completamente inasumible para Maricarmen.

Una batalla legal que llega hasta el Supremo

En un primer momento, el Juzgado Nº90 de Madrid dio la razón a Maricarmen, argumentando que los nuevos propietarios habían aceptado las condiciones del contrato en el momento de la compraventa. Sin embargo, la propiedad recurrió la sentencia ante la Audiencia Provincial, que terminó ordenando el desahucio.

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El caso acabó en el Tribunal Supremo, que confirmó la decisión: las rentas antiguas solo pueden prorrogarse una vez y, en el caso de Maricarmen, esa prórroga era de dos años. Con esta interpretación, se abría la vía legal para su desalojo.

Una vecina con discapacidad y una red de apoyo imparable

Además de su avanzada edad, Maricarmen cuenta con un 50% de minusvalía, una condición que ha documentado mediante varios informes médicos. Gracias a esta situación y al movimiento ciudadano que la respalda, el juzgado ha decidido aplazar el desahucio para que presente nueva documentación que justifique su vulnerabilidad.

Desde el Sindicato de Inquilinas insisten en que esta no es una victoria legal, sino social. “Esta victoria no viene de los despachos. Viene de las calles, de las vecinas, y sí, de la acción colectiva. Cuando nos organizamos, le paramos los pies al rentismo”, escribieron en sus redes sociales.

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Una lucha convertida en símbolo

Este lunes, el sindicato convocó una marcha por el barrio de Ibiza para mostrar el respaldo vecinal a Maricarmen. La movilización reunió a decenas de personas y volvió a poner en el foco el problema del acceso a la vivienda y la vulnerabilidad de las personas mayores frente a los fondos de inversión y las subidas abusivas de alquiler.

“El juzgado insta a las administraciones a buscar una alternativa para Maricarmen. Si hay alternativa, hay desahucio. Para nosotras, la única alternativa es que Maricarmen se quede en su casa de toda la vida”, señalan desde el sindicato.

¿Solución? Alquileres indefinidos y freno a la especulación

Para el Sindicato de Inquilinas, este caso no es una excepción, sino un síntoma de un modelo especulativo que convierte la vivienda en mercancía. “La única manera de hacer que Maricarmen se quede en casa es instaurando contratos indefinidos y expropiando la vivienda de los fondos que especulan con ella”, insisten.

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“Esto no acaba aquí, la lucha sigue”, recuerdan. La historia de Maricarmen, más allá de lo personal, se ha convertido en un grito colectivo por el derecho a una vivienda digna y estable, especialmente para quienes han pasado toda una vida construyendo barrio, comunidad y ciudad.

Hoy, Maricarmen sigue en su casa. Mañana, la lucha continúa.

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