«¡Caradura!». Momento te tensión con Lucas, de Andy y Lucas, en directo tras una dura información

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Andy y Lucas: del escenario al juzgado en su última gira

La gira de despedida de Andy y Lucas, titulada ‘Nuestros Últimos Acordes’, está llegando a su fin. Pero lo que debería ser una celebración nostálgica de su carrera, se ha convertido en un campo de batalla mediático donde los aplausos se mezclan con acusaciones, reproches y amenazas legales.

En las últimas semanas, el dúo gaditano ha sido foco de rumores, tensiones internas y especulaciones sobre su posible ruptura. Sin embargo, el último capítulo ha escalado de forma inesperada y tiene como protagonista directo a Lucas González, la mitad más efusiva del grupo, quien se enfrenta ahora a una acusación por una presunta deuda económica que podría alcanzar cifras de escándalo.

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Una deuda de seis cifras y un promotor que lo reclama todo

La periodista Lorena Vázquez, colaboradora habitual de *Espejo Público* (Antena 3), fue quien soltó la bomba informativa en pleno directo: Lucas tendría una deuda millonaria con un antiguo promotor que habría gestionado parte importante de la gira final de la pareja musical.

Según detalló Vázquez, la cifra en cuestión ascendería a «una cantidad de seis cifras», correspondiente a los honorarios por cerrar más de 30 conciertos de la gira. La periodista incluso afirmó que había tenido acceso a un documento oficial enviado por el promotor a Lucas para reclamar el dinero, lo que añadía verosimilitud al escándalo.

Pero lo más llamativo llegó cuando la periodista insinuó que la supuesta separación del dúo podría haber sido utilizada como una estrategia desesperada para incrementar la venta de entradas: “Incluso se habría utilizado la separación como baza desesperada para vender más entradas”.

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Lucas responde en directo: “¡Me vas a pedir disculpas!”

Desde la puerta de su casa y visiblemente alterado, Lucas decidió intervenir en directo en el programa para defenderse. Sin pelos en la lengua, negó rotundamente la existencia de un contrato firmado y descalificó duramente al promotor en cuestión.

“Llego a un acuerdo con él, pero no se firma ningún contrato. Es un discotequero, un caradura, jovencito, comercial de la noche, un sinvergüenza (…). La persona que él me presentó para llevar la gira me dejó tirada”, aseguró con tono indignado. También recalcó que los conciertos fueron cerrados directamente por su oficina y su mánager, sin la intermediación de ese individuo.

Una batalla legal en marcha

Ante lo que considera una difamación y un intento de estafa, Lucas anunció que piensa contraatacar. “Y ahora voy a ser yo el que le voy a denunciar a él. El tipo quiere sacar tajada de algo en lo que no se ha hecho nada (…). De esto hace un año y medio”, afirmó, dejando claro que no piensa quedarse de brazos cruzados.

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Fue entonces cuando reveló la cifra que, según él, el promotor le reclama: 360.000 euros. Su respuesta, sin embargo, fue más rotunda y dramática aún: “Pues el titular va a ser este: ‘Lucas denuncia a este tipo de Barcelona por un millón y medio de euros’”.

Una gira con fecha de caducidad… y sin paz

El tour finaliza el próximo 10 de octubre, y Lucas quiso recordarlo antes de que la conversación volviera a subir de tono. Asegura que tras esa fecha estarán “bastante tiempo parados” aunque dejó en el aire su futuro como grupo: “Solo Dios dirá”.

Pero la polémica no dio tregua. Cuando Vázquez insistió en si realmente se habían cerrado 30 conciertos con este promotor, Lucas se encendió aún más: “Solo hay WhatsApps. Eso es mentira. ¡Os ha engañado!”.

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“La gente nos quiere muchísimo”

Antes de finalizar su intervención, Lucas lanzó una crítica directa a los medios por el momento elegido para sacar a la luz el escándalo. “Es una pena que faltando cuatro conciertos nos estéis haciendo todo esto”, lamentó, recalcando que, a pesar de la tormenta mediática, “la gente en la calle nos quiere muchísimo”.

Así, entre gritos, burofaxes, demandas cruzadas y promesas de juicios, Andy y Lucas se acercan a su adiós definitivo. Una despedida que, lejos de ser melancólica, está teñida por la tensión, la desconfianza… y un último acorde que suena más a juicio que a concierto.

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