Compórtate: Es gesto que cada vez hacen mas españoles al entrar un restaurante e indigna a los camareros

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Así nos ven fuera: quejicas, directos… y poco pacientes


Algunas guías de viaje dirigidas a turistas que visitan España no se andan con rodeos a la hora de describir el carácter nacional. Según recoge un reportaje, los españoles somos lentos, indiscretos y con cierta tendencia a la queja, una combinación que, lejos de ser un defecto para muchos, forma parte de la idiosincrasia cotidiana del país. De hecho, el propio texto ironiza con que la queja es casi una herramienta social imprescindible para romper el hielo.

«¿Quiere integrarse rápidamente en la sociedad española, o tiene que comenzar una conversación con alguien y no sabe muy bien cómo? El truco es sencillo: quéjate. Por ejemplo, del tiempo, o de los atascos, o de lo mucho que ha tardado el transporte, o de lo fría que está la cena y lo caliente que está la bebida», reza el texto del citado medio, que añade que «el 75% de conversaciones con extranjeros comienza con una queja». Esta peculiar carta de presentación, más que una crítica feroz, dibuja un retrato costumbrista en el que la protesta ligera funciona casi como saludo informal.

El bar, territorio sagrado… y campo de batalla

Si hay un lugar donde ese carácter se manifiesta sin filtros es en bares y restaurantes. En ese ambiente distendido, donde la espontaneidad manda, muchos clientes actúan por impulso. Es ahí donde, según algunos profesionales del sector, surgen comportamientos que pueden resultar incómodos para quienes trabajan al otro lado de la barra. La confianza, la rapidez y la familiaridad que caracterizan al trato en la hostelería española a veces juegan en contra.

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El gesto que irrita a los camareros

Ha contado en TikTok @jxse_hosteleria que hay un gesto muy común en los españoles y nada habitual en los extranjeros que irrita mucho a camareros y hosteleros porque denota un poco de mala educación: sentarse en una mesa sin que te den permiso.

«Si haces esto al llegar a un restaurante ya nos vas a caer mal a todos. Los clientes españoles, a diferencia de los alemanes, de los ingleses, parece que les da ansiedad que les pidas que esperes un poco», ha empezado contando. Según relata, la escena se repite con frecuencia: se libera una mesa y, antes de que el personal pueda limpiarla o prepararla, alguien ya se ha acomodado.

Y ha proseguido: «Es liberarse una mesa y ya sin preguntar se sientan incluso con cosas del cliente anterior. Si quieres decirle algo encima te sueltan la de que no tenía el cartel de reservado pero cómo lo va a tener si has tardado tres segundos en sentarte». Para muchos hosteleros, esta actitud refleja una impaciencia innecesaria y una falta de consideración hacia el ritmo de trabajo del local.

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¿Falta de normas claras o exceso de confianza?

«¿Tan difícil es aprender a esperar como los extranjeros?», se ha preguntado finalmente el hostelero. La cuestión ha generado debate en redes sociales, donde algunos usuarios matizan que no todos los establecimientos funcionan igual. En los comentarios muchos le dicen cosas como: «Hay sitios en los que te puedes entrar y otros en los que pone claramente un cartel para que esperes a ser atendidos. Si hay cartel no me siento, si no lo hay sí me siento».

Otros aportan su propia visión desde el respeto mutuo entre cliente y trabajador: «Yo si hago eso te vacío la mesa y te pido la bayeta para pasarla, si hago esto al sentarme no lo haré al irme y lo mismo a la inversa», ha señalado otro en un comentario. El intercambio refleja que, más allá de tópicos nacionales, el debate gira en torno a algo mucho más sencillo: las normas implícitas de convivencia en espacios compartidos.

En definitiva, entre quejas convertidas en saludo y mesas ocupadas a la velocidad del rayo, el retrato que emerge mezcla humor, autocrítica y costumbrismo. Una radiografía social que invita, quizá, a preguntarse si pequeños gestos cotidianos pueden mejorar —o entorpecer— la experiencia de todos en algo tan nuestro como sentarse a tomar algo.

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