El héroe de Adamuz. El cuponero de que rescató con su quad a una decena de pasajeros de entre los hierros

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Salió de casa sin pensarlo: cuando el instinto puede más que el miedo

Gonzalo Sánchez no sabe explicar muy bien qué fue lo que le empujó a actuar, pero lo cierto es que **no dudó ni un solo segundo**. Estaba pasando una tranquila tarde de domingo en Adamuz cuando los mensajes comenzaron a circular por los grupos de WhatsApp de los vecinos: dos trenes habían chocado a escasos kilómetros del pueblo. Sin pensarlo, cogió las llaves del coche y salió disparado hacia el apeadero, con esa mezcla de urgencia, incredulidad y responsabilidad que solo aparece en los momentos verdaderamente excepcionales.

“Es mejor ni imaginarlo”: la escena que nadie quiere ver

Tardó apenas diez minutos en llegar, pero el tiempo pareció detenerse cuando bajó del coche. Lo que encontró allí, confiesa, **»es mejor ni imaginarlo»**. Tres vagones habían salido despedidos tras el brutal impacto y habían caído por un desnivel de unos cuatro metros, formando un amasijo de hierros retorcidos que dibujaban el epicentro de la tragedia. Gonzalo, cuponero de profesión y vecino de Adamuz de toda la vida, fue uno de los primeros civiles en llegar hasta ese punto donde, según todos los indicios, se concentraban las víctimas mortales y los heridos más graves.

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Los primeros rescates y un coche convertido en ambulancia

Sin apenas pensarlo, comenzó a ayudar. **Sacó de entre los vagones a varios pasajeros que habían resultado casi ilesos**, personas aturdidas, en shock, que no entendían del todo qué acababa de ocurrir. Los subió a su coche y los llevó hasta Adamuz para que los sanitarios pudieran atenderlos y para que, en muchos casos, pudieran reencontrarse con familiares que ya comenzaban a llegar al municipio cordobés en plena noche.

“Yo les dije que iba a echar una mano”

Cuando regresó al lugar del accidente, se encontró con guardias civiles y equipos sanitarios. **»Cuando llegué solo había guardias civiles y sanitarios y me preguntaron que adónde iba»**, recuerda Gonzalo a las puertas de la Caseta Municipal, convertida en cuartel general improvisado de los servicios de emergencia. **»Yo les respondí que iba a echar una mano»**, añade. Y le dejaron pasar. Primero con el coche y, después, con su quad, mucho más eficaz para moverse por una zona **»muy complicada»**, ubicada **»en mitad de la sierra»**, de difícil acceso incluso para los profesionales.

El quad, los sanitarios y una noche sin reloj

Gonzalo volvió una y otra vez al talud donde habían caído los vagones. **Rescató a más pasajeros**, pero también se convirtió en apoyo logístico imprescindible: trasladó a sanitarios cargados con material médico hasta el lugar exacto del siniestro, acortando tiempos vitales en una emergencia de enorme magnitud. Salió de su casa sobre las 20:30 horas y, pasada la medianoche, había perdido por completo la noción del tiempo, siempre dispuesto a volver a salir si hacía falta.

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Una emergencia nunca vivida y un impulso que “sale de pronto”

A sus 46 años, Gonzalo asegura que **nunca había vivido algo parecido**. No había participado antes en una emergencia de este calibre ni había salvado a nadie, pero, como él mismo dice, **“sale de pronto”**. Un impulso difícil de explicar que, esa noche, se multiplicó en todo Adamuz, un pueblo que permaneció despierto mientras el drama se desarrollaba a pocos kilómetros de sus casas.

Un pueblo volcado: mantas, coches y casas abiertas

El caso de Gonzalo es solo un ejemplo de la reacción colectiva. **La población de Adamuz se volcó con las víctimas**: vecinos sacaron mantas de sus casas para combatir las temperaturas cercanas a los cero grados, otros ofrecieron sus coches para traslados improvisados y muchos se pusieron a disposición de las autoridades sin pedir nada

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