El debate de fin de curso: las escuelas que dicen “no” a los regalos para los docentes

En muchas familias, la llegada del final de curso viene acompañada de una pregunta que circula en los grupos de WhatsApp: “¿Quién quiere participar en un regalo para la profe?”. Lo que parece un gesto amable se ha convertido en una cuestión polémica que provoca roces, diferencias de criterio y hasta enfrentamientos entre padres y madres. En algunas escuelas, incluso, contradice la normativa interna.
La tradición de agradecer la labor docente con un obsequio ha pasado, en apenas unos años, de ser un detalle simbólico a transformarse en auténticas “maratones” de regalos costosos. Por ello, cada vez más centros están poniendo freno, solicitando a las familias que se abstengan de hacer regalos materiales y que opten, si lo desean, por detalles elaborados por los propios alumnos, con un mayor componente emocional.
Centros que marcan el cambio
Un ejemplo reciente es el de la escuela pública de primaria Can Fabra, en el barrio de Sant Andreu (Barcelona), que envió un comunicado a las familias:
«Queremos compartir con vosotros la decisión que hemos tomado, como claustro, de pediros que no nos hagáis regalos materiales a final de curso».
La jefa de estudios, Maria Elizondo, explicó que esta medida llevaba tres años en debate y que fue impulsada definitivamente después de que una familia planteara el tema en el consejo escolar. “El mejor agradecimiento es apoyo y confianza”, recalcó.
A pocos metros, la escuela pública La Maquinista ya había implantado esta norma desde sus primeros cursos. “Está en nuestro ADN de la escuela”, declaró su director, Raül Martínez.
Cuando el detalle se convierte en lujo
Los casos de regalos llamativos se repiten: desde noches de hotel hasta jamones y paneras enormes. En una ocasión, una docente recibió un pañuelo Hermès valorado en más de 100 euros. Para Olga Casco, directora de la escuela Ignasi Melé i Farré de Tossa de Mar, este tipo de prácticas están fuera de contexto y fomentan la exclusión: “No queríamos una remuneración física, sino emocional”.
Casco recuerda que la ley del funcionariado prohíbe recibir regalos y que el aumento de obsequios ostentosos generaba tensiones tanto entre docentes como entre familias, contradiciendo el principio de escuela inclusiva.
La perspectiva pedagógica
La psicopedagoga y profesora de la UOC, Sylvie Pérez, advierte: “Parece que estamos en una sociedad en la que el agradecimiento únicamente se puede transformar en un regalo y esto no es pedagógico ni educativo”. Señala que la colectivización de estos gestos añade presión innecesaria y que, en ocasiones, las sumas por familia alcanzan los 200 euros.
Desde la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA), su presidenta, María Capellán, recalca que no todas las familias pueden participar y que esto genera desigualdad e injusticias. La federación catalana AFFaC respalda esta postura.
Opiniones divididas en el profesorado
Aunque algunos docentes admiten que aceptan los regalos para no ofender, otros sienten incomodidad. Laura Priego, profesora en un centro de alta complejidad, reconoce la tensión que provocan estos gestos, pero también admite que como madre ha participado en obsequios cuando ha visto un esfuerzo especial por parte de un docente.
Para muchos, la clave está en evitar distinciones y desigualdades dentro del propio claustro, recordando que la labor escolar es colectiva y no se limita a la figura del tutor.
Alternativas aceptadas
En centros como Sadako, en Barcelona, se han buscado fórmulas que mantengan el espíritu de agradecimiento sin implicar un coste elevado: desayunos colectivos, dibujos, manualidades, flores o postales firmadas por las familias. Estos gestos, aseguran, preservan el sentido emocional y fomentan la participación de todos sin generar divisiones.
La tendencia apunta a que cada vez más escuelas apuesten por un agradecimiento basado en el reconocimiento y el afecto, y no en el valor económico de un regalo.