«Me va a caer una muy gorda, pero lo tengo que contar» Un carnicero con 30 años de experiencia alerta sobre lo que está pasando con la carne picada

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El aviso de un carnicero veterano que ha revolucionado las redes

En un momento en el que los consumidores buscan cada vez más transparencia en lo que comen, la voz de Mariano Sánchez Díaz, conocido en redes sociales como el_as_carnicero, ha irrumpido con fuerza para lanzar una advertencia clara y directa sobre uno de los productos más habituales en la cesta de la compra: la carne picada. Con más de 33 años de experiencia tras el mostrador, este profesional no ha dudado en señalar que estamos ante “el producto más delicado de una carnicería”, una afirmación que no ha dejado indiferente a nadie y que ha generado un intenso debate entre clientes y profesionales del sector.

«Nunca compres carne picada ya hecha sin saber cuándo se picó. Al lorito con lo que os voy a contar. La que me puede caer es muy gorda, pero bueno, lo tengo que contar», empieza diciendo antes de subrayar que es más delicada «que un filete o que un trozo de carne entero».

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Por qué la carne picada es más delicada de lo que parece

Lejos de ser una simple cuestión de preferencias, la explicación tiene una base técnica que muchos consumidores desconocen. «¿Por qué? Porque cuando picas carne aumenta la superficie, se oxida antes, dura menos y, si no se hace bien, se nota. Nunca compreís carne picada ya hecha de esas que venden ahí en bandejas sin saber cuánto se picó», recomienda. Al triturar la pieza, la carne multiplica su exposición al aire, lo que acelera los procesos de oxidación y reduce su vida útil, convirtiéndola en un producto especialmente sensible al paso del tiempo y a una manipulación inadecuada. Según el carnicero, lo que no se ve a simple vista puede marcar una gran diferencia en la calidad final que llega al plato.

La clave está en cómo se pide: transparencia total

Para Sánchez Díaz, la solución es sencilla pero fundamental: exigir que el proceso sea visible. La confianza, en este caso, empieza por observar cómo se trabaja la pieza antes de llevársela a casa. «Pide a tu carnicero que te la pique delante tuya. La carne picada buena se pica al mometo, no lleva nada de mezclas raras, no lleva conservantes, sulfitos, restos acumulados de otros días. No digo que no se venda buena carne picada, porque se venda, digo que sepas cómo pedirla. Porque la carne picada no perdona porque lo que tú no ves también te lo comes», insiste. En esta frase resume una idea clave: la carne picada no admite descuidos ni atajos, y la transparencia en el momento de la compra es la mejor garantía para el consumidor.

El detalle del peso que puede salir caro

Pero la polémica no termina ahí. El carnicero ya había levantado revuelo anteriormente al explicar una práctica que, según denuncia, es más habitual de lo que muchos imaginan: pesar la pieza antes de picarla. A simple vista puede parecer un procedimiento lógico, pero encierra una diferencia que impacta directamente en el bolsillo del cliente. Cuando la carne está entera, su peso es mayor; tras pasar por la máquina, parte de ella se queda adherida al mecanismo, reduciendo la cantidad final que realmente se entrega.

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De 725 gramos a 650: la demostración que lo cambió todo

Para ilustrarlo, Sánchez Díaz realizó una prueba clara y contundente: una pieza que antes de picarla marcaba 725 gramos en la báscula, después del proceso se quedaba en 650 gramos. Es decir, 75 gramos menos que el cliente habría pagado sin llevárselos realmente. Una diferencia que, multiplicada por compras habituales, puede suponer un sobrecoste considerable a lo largo del tiempo.

«Lo que nosotros hacemos aquí es lo siguiente: cogemos un trozo de carne, lo picamos y sólo y exclusivamente os cobramos lo que vale el peso. No la pesamos antes», explicaba.

La razón técnica detrás de la pérdida de peso

La explicación es más sencilla de lo que parece y no tiene nada de misterio oculto: durante el picado, una parte de la carne queda en el interior de la máquina, adherida a las cuchillas o a los conductos. Ese pequeño residuo acumulado es suficiente para marcar la diferencia en la báscula. ¿Y la razón por la que la carne pesa más antes de picarla? El mismo carnicero lo señalaba: una parte de esa pieza se queda en la máquina. Así, lo que para algunos puede parecer un detalle sin importancia, para este veterano profesional es una cuestión de honestidad y buenas prácticas comerciales.

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En definitiva, el mensaje de Mariano Sánchez Díaz es claro: la carne picada exige atención, transparencia y confianza. Ver cómo se pica, pagar únicamente por el peso real y desconfiar de productos cuya fecha de elaboración se desconoce son, según su experiencia, los pilares básicos para asegurarse de que lo que llega a la mesa es exactamente lo que se ha comprado.