“Nos quedamos sin la última”: el adiós más íntimo de Sonsoles Ónega a Javier Cid


El fallecimiento del periodista Javier Cid ha dejado una profunda herida en el mundo de la comunicación, pero también ha despertado un sinfín de homenajes que hablan de su calidez humana y su enorme talento. Uno de los más sentidos ha sido el de Sonsoles Ónega, quien ha roto su silencio con un mensaje desgarrador, escrito desde la emoción más sincera.
Un vínculo reciente, pero imborrable
Aunque no compartieron redacción desde los inicios —“no te conocí desde Pradillo”, confiesa—, la relación entre Sonsoles Ónega y Javier Cid fue lo suficientemente intensa como para dejar una huella. Su despedida, publicada en redes, es un ejercicio de memoria, dolor y poesía, donde cada frase es una pequeña puñalada al alma.
“Nos quedamos sin la última, mi Javi. No te voy a escribir mejor que Antonio Lucas porque no te conocí desde Pradillo, pero ¡ay!”.
Ese “¡Ay!”, escrito con mayúsculas y escalofrío, sintetiza todo el impacto de la noticia, que, como suele ocurrir con las tragedias inesperadas, corrió veloz entre teléfonos, mensajes y silencios.
Una despedida cargada de símbolos
Sonsoles recuerda con ternura y cierta ironía el amor de Javier por la televisión, a pesar de que “lo suyo era la palabra perenne y no la caduca de un plató”. Una contradicción que él vivía con humor y pasión.
“¡Ay, Javi! Lo que te gustaba la tele… Y eso que lo tuyo era la palabra perenne”.
En un giro emocional inesperado, Ónega revela un gesto íntimo y profundamente simbólico:
“El primer periodista que me mandó una vela encendida, rendida, ante su texto. (Ay, Javi)”.
Una oración desde la duda y la fe
Pese a que Javier le decía siempre “Antonia, que yo no soy de rezar”, Sonsoles ha decidido orar por él, desde la lejanía, en la primera iglesia que ha encontrado abierta. Porque así lo siente. Porque así lo necesita.
“Pues hoy me vas a escuchar, reclinada en la primera iglesia que veo abierta. (Pido por ti, sí)”.
El legado de un periodista único
El texto no es solo una despedida, es también una lista de lo que queda:
- Sus escritos impecables
- Sus mensajes a cualquier hora
- Su sonrisa, que siempre me pareció un poco triste
- Su mirada, que siempre me pareció de verdad
Sonsoles cierra su mensaje como se cierran las conversaciones que no quieren terminar, con la promesa de reencontrarse, aunque sea con el mismo pretexto de siempre: ninguno. Sólo estar.
“Nos vemos donde sea, con el pretexto de siempre, que era ninguno. Solo saber… cuándo nos tomábamos la última. Vuela bonito, amigo reciente, inolvidable”.
Una despedida que ya forma parte del recuerdo colectivo
En un tiempo donde las palabras a veces se consumen demasiado rápido, Sonsoles ha escrito un homenaje eterno. Un testimonio que emociona, que duele y que refleja lo más puro del periodismo: la conexión entre las personas, más allá de los focos, las firmas y las columnas.
Javier Cid ya no está, pero su luz —como esa vela encendida que una vez envió— seguirá iluminando a quienes lo conocieron, lo leyeron o lo quisieron. Y hoy, también a quienes lo lloran.
