La caída sin frenos de Simón Pérez: del viral financiero al lado más oscuro del streaming

Simón Pérez fue un día sinónimo de memes y humor involuntario. Hoy, su historia es mucho más sombría. En 2017, junto a su pareja Silvia Charro, se hizo viral por protagonizar un vídeo surrealista recomendando hipotecas a tipo fijo en lo que claramente era un estado de alteración mental, que muchos asociaron al consumo de cocaína. El vídeo los catapultó a la fama, pero también les costó sus empleos y el respeto de buena parte del público. Desde entonces, la pareja no ha hecho más que encadenar episodios polémicos, fracasos personales y momentos de exposición extrema en redes sociales, convirtiendo su vida en una especie de *reality* autodestructivo.
Directos humillantes y retos peligrosos: la nueva moneda de cambio
La pareja, sobre todo Simón, encontró en el streaming su nuevo modo de subsistencia. Lejos de la banca y la consultoría, comenzaron a realizar vídeos y directos donde el espectáculo era la humillación. Lanzar objetos por la ventana, romper mobiliario, hacer retos cada vez más degradantes e incluso aceptar situaciones límite por unas pocas donaciones eran su día a día. El contenido, a menudo relacionado con drogas o violencia verbal y física, no solo atraía a seguidores morbosos, sino que también generaba preocupación por su salud mental y física. El consumo de sustancias, especialmente cocaína, se volvió un elemento visible aunque disfrazado en sus emisiones.
Una muerte en directo que encendió todas las alarmas
El punto más oscuro llegó a finales de 2025, cuando uno de los streamers que colaboraba habitualmente con Pérez, Sergio Jiménez —conocido como Sancho o Sssanchopanza—, falleció en directo. Ocurrió durante una de estas sesiones donde los seguidores proponían desafíos a cambio de dinero. La escena, retransmitida a cientos de personas, mostró las consecuencias más trágicas de esta tendencia cada vez más popular y peligrosa: la monetización del sufrimiento. Simón Pérez, lejos de esquivar el tema, habló abiertamente del suceso: «Me dijeron que se había tomado 6 gramos en 3 horas. Y una raya de 2 gramos. Yo ya le dije veces que 2 gramos era sobredosis, que estaba estudiado». Y añadió: «Tengo la conciencia tranquila, me podía haber pasado a mí, le ha pasado a él».
La última esperanza: TikTok y un proyecto de «rehabilitación» que no cuajó
Intentando virar el rumbo, Pérez y Charro abrieron recientemente una nueva cuenta en TikTok bajo el nombre @simondesintoxicacion. El objetivo declarado era que las donaciones de los usuarios sirvieran para costear un proceso de rehabilitación. Sin embargo, el intento duró poco: TikTok decidió cerrar la cuenta sin ofrecer explicaciones públicas. Según informaba *El País*, la plataforma no quiso hacer comentarios, pero su política de contenido deja claro que no permite violaciones de ley o comportamientos autodestructivos.
Violencia, drogas y amenazas en directo
Uno de los episodios más inquietantes tuvo lugar en un reciente directo de Simón Pérez, cuando supuestos camellos irrumpieron en su vivienda para exigirle una deuda pendiente. La escena fue retransmitida en tiempo real. Con la cámara tapada, se escuchaba a Pérez suplicando: «No me pegues más, que me lo tiene que dar esta gente», en referencia a sus seguidores. Esta situación rozó lo grotesco, evidenciando hasta qué punto la frontera entre lo real y el espectáculo está completamente diluida en estos entornos. La humillación y el peligro físico son ya parte integral de un formato cada vez más popular y menos regulado.
Una tendencia que se cobra vidas… y likes
Simón Pérez no es el único afectado por esta ola de contenido extremo y sin filtros. Ya había sido expulsado de la plataforma Kick, donde también se registró recientemente la muerte del streamer francés Raphaël Graven. Estas tragedias no han sido aisladas: plataformas como Kick se han visto obligadas a emitir comunicados sobre su postura frente a este tipo de contenidos. “Las normas de la comunidad y términos de servicio de Kick dejan muy claro que los streamers y usuarios deben cumplir con todas las leyes y regulaciones de su país”, dijeron a *El País*. Aunque los términos están escritos, la ejecución de estas políticas parece ir siempre por detrás de los sucesos.
Conclusión: cuando el entretenimiento se convierte en autodestrucción pública
Lo que comenzó como un viral que hacía reír a toda España ha terminado siendo un reflejo crudo de los límites del entretenimiento en la era digital. Simón Pérez y Silvia Charro no solo han perdido sus trabajos, su estabilidad y su salud, sino también la posibilidad de reconstruirse desde una narrativa positiva. Lo que venden ahora es su propia decadencia, y lo hacen en un mercado que, lejos de frenarles, les premia con dinero a cambio de su destrucción. Mientras las plataformas sigan permitiendo este tipo de contenido bajo la excusa de la libertad o la autorresponsabilidad, es probable que más casos terminen como el de Sergio Jiménez: con una muerte en directo, retransmitida y monetizada.